Uno de los rasgos que caracterizaron la etapa de Roberto Rietz al frente de Capitanía Marítima fue su rigor inamovible en la aplicación de medidas que protegiesen al máximo la ría frente a un virtual episodio de contaminación. Especialmente a partir del 2000, cuando los depósitos de Ferrazo entraron en funcionamiento. Rietz fue más allá de las exigencias legales del momento para prohibir antes que nadie la navegación de petroleros monocasco en la ría. Dos años después, la calamitosa gestión del Prestige, que surcaba el corredor de Fisterra con todas las de la ley, le dio la razón a su esfuerzo preventivo.
 
Durante trece años, explican fuentes vinculadas desde hace largo tiempo a la navegación en el mar de Arousa, la exigencia de que los remolcadores escoltasen a los buques con destino al parque de Ferrazo se aplicó en Vilagarcía a rajatabla. Por supuesto, también en el caso de la parafina, figure o no figure en el listado de la Organización Marítima Internacional. En mayo, por vez primera desde el 2000, sostienen con extrañeza las mismas fuentes, dicha práctica fue modificada por Capitanía.